1
Esta era mi última oportunidad. Solo con la asistencia de Nutiden había podido escapar de la habitación. Al llegar al instituto, me dirigí inmediatamente a la biblioteca. Leí todo hasta el último libro que encontré con la más mínima relación a la Influencia, y luego releí todos de nuevo.
Le pedí otra muestra a Nutiden. Le pedí incluso que el hechizo que realizara fuera de manifestación de agua. Ella era capaz, pero apenas, ya que su atributo era orden.
Esto era todo. Esto era todo lo que podía hacer. Si no lograba realizar un hechizo después de esto, entonces no tendría otra oportunidad. Mi cuerpo no me permitiría otra oportunidad. Esto ya lo había vivido; sabía exactamente todas y cada una de las sensaciones que rodeaban mi cuerpo.
Levanté una mano.
Creé la imagen. Concentré las vías. Creé el punto de eyección. Concentré mi atributo.
Podía sentir la sangre fluyendo por mis venas; la energía de mis músculos empujando y cediendo de manera intermitente. Podía sentir el ritmo de mi respiración y las palpitaciones de mi corazón. Sentía todos y cada uno de los estímulos internos y externos de mi cuerpo.
Esta era mi última oportunidad.
Liberé.
“?Cuánto tiempo vas a seguir escondido?”
Perdí las fuerzas en las piernas. Nutiden se acercó para ayudarme, pero la ahuyenté agitando el brazo. La impresión y el dolor inmovilizante habían perdido su gracia; ya no era más una excusa para detenerme.
Me recompuse y levanté el brazo otra vez.
Imagen, vías, atributo.
Liberar.
Sentí el cosquilleo en mis dedos. Sentí que lo estaba por lograr. Estaba a punto-
La imagen se difuminó.
La perdí.
—Tch.
Levanté el brazo de nuevo.
Imagen, vías, atributo.
“Por favor, dime, ?cuánto tiempo te quedarás allí?”
Perdí el balance, la imagen se esfumó por completo. Me levanté rápidamente y estiré la mano de nuevo.
Vías, imagen, atributo.
“?Crece de una maldita vez y abre la puerta!”
Vomité en el césped.
—?Se?or, deténgase! —la sirvienta se acercó para ayudarme.
—?ALéJATE! —Arrojé la mano hacia un costado para evitar que se aproximara.
?Tenía que hacerlo! ?No tendría más oportunidades! ?Tenía que hacerlo ahora, o no lo haría nunca!
Me limpié la boca y estiré la mano de nuevo.
IMAGEN, VíAS, ATRIBUTO
“?Estarás allí mucho tiempo?”
Me atraganté con la basura en mi garganta. Se juntaron lágrimas en mis ojos por el esfuerzo y los recuerdos. Basura, toda basura. No podía detenerme, tenía que seguir. Tenía que seguir y conseguirlo. ?No podía volver a ser lo mismo! ?No podía caer en la misma trampa otra vez! ?Al menos algo tan simple como esto…! ?Tenía que poder hacerlo!
Levanté el brazo desde el suelo.
IMAGEN, VíAS, ATRIBUTO
“?Cuánto tiempo te quedarás allí?”
Golpeé al pasto con mis pu?os. Recibiendo da?o por las heridas que aún no habían sanado.
—?ME QUEDARé LA CANTIDAD DE TIEMPO QUE TENGA QUE QUEDARME! ?CUANDO ESTOY POR CONSEGUIRLO, USTEDES SE INTERPONEN! ?DéJENME EN PAZ! ?YA ME EQUIVOQUé! ?YA PERDí TODO! ?NO PUEDO SEGUIR PENSANDO EN ESTAS COSAS, TENGO QUE AVANZAR!
Intentando recomponerme a pesar de mi estado de frenesí, levanté la mano.
Esta era la última oportunidad. Ya no quedaba nadie más. Esta vez debería ser capaz de lograrlo.
?Por mi cuenta! ?Con mis dos manos! ?Algo tan simple como esto debería ser capaz de lograrlo!
IMAGEN. VíAS. ATRIBUTO.
Lo podía sentir. Estaba en la punta de mis dedos. Estaba ahí, asomándose para salir. Quería salir; lo estaba haciendo salir. Tendría que ser capaz de hacerlo salir. Lo sentía. Sentía cómo estaba por manifestarse. ?El cosquilleo! ?El movimiento! ?Lo podía sentir!
La imagen se esfumó por sí misma.
Caí de espaldas al césped.
Ocurrió otra vez.
Fracasé.
2
Cumplea?os… ?Cuándo era mi cumplea?os? Era el 3. No, era el 6. ?O era el 16? Creo que, en este momento, pocas cosas me parecían más irrelevantes que esa fecha en particular. Solo podía recordar que estaba por llegar. Bueno, en realidad, estaba por llegar antes de que viniera a este mundo; por lo que, probablemente, ya pasó.
Era mi cumplea?os número 18, mi llegada a la adultez.
No ocurrió. Como tampoco ocurrió mi ceremonia de graduación. Esa fecha me había escondido en mi casa, esperando que transcurriera sin mí. Me perdí ese día y, ahora, también me perdí mi cumplea?os. Como muchas de las cosas que había perdido, no las recuperaré jamás.
Viajando a través del espacio, a través de la fábrica de la realidad. Todas esas cosas que consideré reales, que consideré verdaderas. ?Qué valor tenían? No tenían ningún valor. Todas esas cosas que perdí también podrían nunca haber existido.
?Qué testigo hay? ?Qué recuerdos quedaban? ?Qué pruebas de su existencia permanecían?
En este momento, ninguna.
Era mi cumplea?os, mi cumplea?os número 18. A mi hermana le encantaban las festividades; lo estaba esperando con ansias, como todos los a?os. Mis hermanos también estarían allí. Mi hermanito peque?o, en particular, tenía una suerte de fascinación por mí; estoy seguro de que habría estado muy feliz en mi cumplea?os.
Mi mamá se habría aliviado increíblemente. Si tan solo salía de mi habitación y le demostraba que todo estaba bien… Que podía seguir con mi vida otra vez. Solo tenía que mostrarle una sonrisa. Con una sonrisa, la habría hecho tan feliz.
Mi padre también. Con tan solo aligerar el peso de mi madre y de mis hermanos, él estaría satisfecho. Mi padre podría relajarse también.
Todo eso no ocurrió. Nada de eso ocurrió. Se perdió. A todas esas personas… a cada una de ellas, les robé algo invaluable. Me llevé conmigo una parte de sus vidas. Les robé mi existencia. A mi madre, a mi padre, a mi hermano, a mi hermana, a mi hermanito… les robé mi existencia.
Ya, simplemente…
Ya no quiero intentarlo más.
3
Después de pedirle a Nutiden que se retirara, me quedé todo el día encerrado en mi habitación. Me senté, apoyando la espalda contra la pared opuesta a la puerta. No era como si estuviera esperando algo. Ya lo había perdido todo, ?qué podía esperar?
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No necesité retirarme de la habitación para comer, ni para usar el ba?o. Creo que mi cuerpo había entendido mi situación y, en un acto de generosidad, me ofreció un poco de comodidad.
Me quedé congelado, en frente de la puerta. En este mundo no existían computadoras ni teléfonos, por lo que mirar la puerta era sencillamente lo más estimulante que tenía en mis manos.
Estaba mirando la puerta, pero sin ninguna pretensión. No estaba esperando nada. ?Qué podía esperar?
…
Hay golpes en la puerta.
—?Heiko?
Una voz que hacía vibrar mi corazón. Incluso en esta situación, eso era cierto.
—Heiko… Voy a entrar…
—…
Mira hizo lo que dijo; me encontró en el suelo y caminó lentamente hacia mí.
—?Cómo estás?
—…
Se sentó a mi lado.
—?Estás bien?
—Mira.
—?Sí?
—Recuperé mis memorias.
—?Sí…?
—Perdí todo… Y no hay forma de recuperar nada. Simplemente, perdí todo. A mi familia… todo… lo perdí para siempre.
—Así que eso fue lo que ocurrió…
—?Me crees?
—Por supuesto.
—Y, aun así, ?confías en mí?
—Claro que confío en ti. ?Lo olvidaste? Yo nunca me equivoco.
Asentí con la cabeza desde mi lugar, aun mirando a la puerta o quizá a un punto un poco debajo de ella.
—?Me puedes contar un poco sobre cómo era tu familia…?
—?Mi familia?
—Mhm —asintió.
Sin pensar mucho, decidí acatar su pedido. No había ningún problema con hacerlo. Ya no.
—Mi familia, ?eh? Bueno, tenía una hermana mayor, un hermano mayor y un hermanito menor. Mi madre era algo bajita y siempre parecía estar tranquila. Mi padre era estoico, pero en realidad le importaba mucho su familia.
—Ya veo… ?Y?
—A mi hermana le encantaban las plantas; yo intenté acompa?arla con eso: comencé a cuidar unas plantas por mi cuenta, pero mi hermana terminó atendiendo las mías también. Mi hermana era muy buena, tal vez demasiado. A veces sentía que se aprovechaban de ella, que abusaban de su bondad. Era una bola extra?a de sentimientos y por momentos no podía entender qué era lo que pensaba realmente. Pero, al final, me di cuenta de que era una persona suave que se colocó un revestimiento duro para intentar ser más fuerte. Me gustaba su forma suave de ser, por lo que a veces percibía a esa cobertura tan dura como innecesaria. Ella me quería. Le gustaban las celebraciones y las fechas especiales…
—?Y qué más?
—Mi hermano era todo lo contrario. Era la personificación de “fuerza bruta”. Era terco y testarudo. Creo que era la persona que más se preocupaba por el bienestar de la familia. Tenía un sentido de la justicia muy áspero o, en realidad, era más una intolerancia a la injusticia. De peque?o, sentía que él me trataba mal; pero, cuando crecí, me di cuenta de que todo el tiempo me había estado protegiendo de una forma u otra. Odiaba la injusticia y odiaba que le hicieran da?o a uno de nosotros.
—Ya veo.
—Mi hermanito era lo más importante que tenía en el mundo; lo amaba. Todo el tiempo irradiaba una felicidad simple que contagiaba a los demás. Si mi hermana era buena por cordialidad, él era bueno por dulzura. Me respetaba, por algún motivo, hasta el punto de admirarme. Por varios días de mi vida, lo único que me motivaba a seguir viviendo era él. Era todo para mí. Quería cuidarlo para siempre. Lo amaba.
—…
—Mi mamá era tranquila, como dije. Creo que mi hermana sacó su bondad de ella. Recuerdo que yo de peque?o acusaba a mi hermana de copiarse de mi mamá, como si aquello fuera algo malo; probablemente lo decía porque quería esconder el hecho de que era yo el que se copiaba de todos los demás en mi familia; aunque sea un aspecto superficial o fundamental, me copiaba de ellos. Bueno, mi mamá era la que nos ponía en nuestro lugar, siempre por las buenas, por supuesto; era la máxima mediadora de la familia. Creo que era la persona que más me quería en el mundo… Era hermosa; la persona más empática que conocí en mi vida. Muchas veces no la entendía, porque era algo frío en comparación a ella. Mi mamá era el pilar fundamental, lo que mantenía mi vida estable. Cuando peor estaba… ella estaba allí… Me ayudó en todo momento. Actuaba como si estuviera dispuesta a dejar su vida por mí. Actuaba como si nunca se pudiera cansar de mí… Como si su amor fuera completa y genuinamente incondicional… No la entendía… Por qué era así, por qué me trataba de esa forma, no lo entendía. En algún momento, la incondicionalidad de su amor comenzó a convertirse en un peso, un peso que no era capaz de conciliar, que no podía acarrear. No entiendo cómo nunca se cansó de mí y nunca dejó de intentar ayudarme…
—…
—Y yo… Les devolví ese amor con la más inmunda traición. Escapé. A pesar de todo lo que habían hecho por mí, escapé. Y ya no existe forma de arreglar ese error, esa decisión que tomé en un capricho. Cuando pienso en qué tan poco merecedor de ese amor verdaderamente soy, me enferma hasta el estómago… Y ahora es imposible arreglar lo que hice… Es una mancha permanente, una cicatriz de por vida. No hay forma de que no me odiara a mí mismo después de lo que hice. No quiero acercarme a más personas. No quiero que alguien más sienta una conexión como la que tuve con ellos. No quiero eso. No quiero lastimar a nadie más.
—Heiko.
—Perdón. Estuve hablando de más, ?no? Nadie quiere escuchar estas cosas.
—Heiko.
—Perdón…
Unas manos me agarraron la cabeza por delante. Mira enfrentó nuestros rostros y no pude evitar mirarla a los ojos.
—Heiko, escucha… Te ofrezco dos opciones.
Realmente estaba comenzando a sonar como Balance.
—No… —Negó con la cabeza—. No te las ofrezco; son las opciones que tienes. Son los caminos que puedes tomar con tu vida a partir de ahora.
—…
—Puedes caer en esa percepción propia que tienes y vivir el resto de tu vida como lo que piensas que eres, o lo que crees que mereces.
Ya lo había intentado todo.
—Puedes hacer eso y yo no te detendré. Es más, yo te apoyaré con todo lo que necesitas. Puedes elegir ese camino y yo jamás te lo recriminaré.
Estaba cansado.
—Puedes hacer eso… O puedes intentar otra cosa: aunque sientas que ese error es incorregible, aunque sientas que esa mancha es imborrable, aunque cargues esa cicatriz de por vida, puedes demostrarte a ti mismo… No, puedes demostrarle a todo el mundo que lo que hizo tu familia no fue un error. Puedes demostrarle al mundo que el amor de tu familia no fue en vano, que el amor incondicional de tu madre tenía un sustento. Puedes intentar enmendar todo lo que hiciste, incluso si piensas que es inútil o imposible; incluso si crees que no estás haciendo ningún progreso o que marchas por el camino equivocado; puedes trabajar para enmendar todo lo que hiciste. Puedes trabajar para enmendarlo, aunque la idea te parezca tonta o incorrecta. Puedes esforzarte y utilizar el 100 % de tus fuerzas para demostrarle al mundo que, aunque tú te equivocaste, tu familia no se equivocó. Pero, más importante aún, puedes trabajar para que, eventualmente, creas de corazón que todo eso es cierto.
Mira sonrió. Era injusto que me sonriera de esa manera en este momento. Mira, se supone que tus sonrisas son una fachada, que nunca cargan un significado real. ?Por qué me sonríes como si verdaderamente te importara?
—No importa qué decisión tomes, yo no te abandonaré. Esto yo lo juro bajo el nombre de la familia Inovatio —declaró, sin perder esa sonrisa genuina.
?Por qué, de todas las personas en el mundo que me podían rescatar ese día, lo tuvo que hacer la única persona que jamás podré entender?
—Sin importar qué decisión tomes, yo seguiré a tu lado; así que quiero que respondas pensando en qué es lo que tú quieres hacer. ?Qué opción sientes, en tu corazón, que deberías seguir?
Dos opciones. Tenía solo dos caminos que seguir en la vida. En el otro mundo tenía incontables; luego de firmar el contrato reduje ese número en una gran cantidad y ahora, al llegar a este punto, solo tenía dos opciones que seguir.
Podía obedecer a mi cuerpo y a mi mente y rendirme. O podía ir en contra de lo que todo mi ser pedía a gritos, con la esperanza de encontrar algo mejor detrás de todos esos obstáculos. Sonaba como una decisión fácil, ?no? Mi mente y mi cuerpo estaban en concordancia; ambos habían entendido que debería parar. Si tu mente y tu cuerpo quieren lo mismo, sería más difícil ir en contra de eso que simplemente obedecerles.
Entonces, ?por qué? ?Por qué había una parte que se estaba resistiendo? ?Como si quisiera decirme algo, pero apenas no la pudiera escuchar? Incluso diría que me estaba gritando y, aun así, su voz no me alcanzaba. Lo que sí me alcanzaba era la sensación nauseabunda en mi cuerpo, y el cansancio y resignación de mi mente. “Ya no quiero intentarlo más” era lo que decía mi mente, “solo hay fracaso y sufrimiento…” Mi cuerpo pensaba igual: “?No es la habitación mucho mejor? Quédate aquí”.
?Qué era lo que esa voz borrosa quería decirme? ?Cuáles eran sus argumentos para seguir esa segunda opción? No la llegaba a oír, pero sabía que estaba y esa era la única razón por la que no había escogido la primera opción aún.
Si fuera un héroe de historieta, con el valor de hacerlo todo, estoy seguro de que escogería esa segunda opción. Si fuera uno de esos héroes de acción de las películas viejas que me gustaban, estoy seguro de que tendría la fuerza para elegir la segunda opción. Pero… Yo no puedo. No era un héroe de historieta, era un chico de 18 a?os que no se atrevía a salir de su habitación; una persona que alejó a todos sus seres queridos, a todos los que intentaron ayudarlo y, cuando no pudo alejarlos más, los abandonó. Cualquier persona que me conociera por completo no sentiría lástima por mí; sentiría frustración, en el mejor de los casos; sentiría rabia, comprensiblemente.
No tenía la fuerza, ni física, ni mental, ni espiritual, para escoger esa opción. De hecho, mis manos estaban temblando en este momento; sentía frío; sentía que me estaba cayendo en ese profundo agujero que siempre aparecía cuando era desafiado de esta manera.
Sabía que Mira cumpliría con su palabra. Si tan solo escogía esa primera opción, ella me brindaría todas las comodidades posibles y no tendría que luchar conmigo mismo nunca más. Ah… Qué idea tan tentadora… Solo tenía que decir unas palabras y podría terminar con todo en este momento.
No tendría que enfrentarme a ninguna bestia aterradora, ni a ningún guerrero legendario. No tendría que luchar más conmigo mismo, ni tampoco desafiarme nuevamente. Si tan solo elegía esta opción, nunca más tendría que perder. Nunca más tendría que fracasar. Podría pasar el resto de mi vida y no tendría que sentir ese peso en mi estómago jamás.
Y… Sin embargo… ?Por qué no podía producir esas palabras que necesitaba? ?Qué era lo que me estaba deteniendo? ?Por qué no podía admitir que esa primera opción me parecía mucho más atractiva? ?Acaso ni siquiera tenía las fuerzas para decir eso? Sabía que era muy, demasiado, débil. Sabía que era muy, demasiado, miedoso. ?Acaso era tan débil, tan miedoso, que ni siquiera podía saber qué quería?
No sabía qué opción quería… No sabía qué quería hacer… No sabía qué era lo que verdaderamente deseaba.
Entonces sentí una palpitación en el pecho.
El colgante. La herramienta que había sido proporcionada por Balance para, exactamente, estas ocasiones. La herramienta que no era capaz de revelar ningún secreto oculto ni explicar ningún plan misterioso. La herramienta cuya única función en la existencia era decirme, con total precisión, qué era lo que verdaderamente deseaba.
Si abría el colgante, esa voz borrosa alcanzaría mis oídos, y entonces podría medir entre el peso de mi sufrimiento y lo que esa voz quería decirme. La respuesta siempre estuvo allí.
Me arrodillé, recogí el colgante y lo coloqué en mi palma, mirando su cobertura un momento. Lustré un poco de suciedad que se había acumulado con el tiempo y tragué.
—?Qué quieres hacer, Heiko? —preguntó, finalmente, Mira.
Negro o blanco. Una opción binaria. Si quería aceptar lo que era, entonces daría negro; si quería seguir luchando contra mí mismo, entonces daría blanco. No había grises. No había puntos intermedios y no había otras opciones.
Ya solo tenía dos opciones.
Abrí el pendiente-

