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Capítulo 32 - , Viejos Síntomas - Parte 3

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  Intentar el hechizo, luego de leer sobre temas tan interesantes como sopas curativas y rituales sagrados de dudosa credibilidad, no había tenido ningún resultado. Y, por lo tanto, me encontraba regresando a la residencia junto a Nutiden y la intensa frustración y odio a uno mismo que conllevaba el fracaso. El sol descendía en simultáneo al peso en mi estómago. Cada día desperdiciado en el fracaso era un día más cerca de la sensación horrible que ya había acabado alguna vez con mi vida.

  —Se?or, si me lo permite.

  —?Te permito? ?Qué cosa, Nutiden?

  —Si puedo realizarle una pregunta.

  —Ah, sí, claro. No es necesario que pidas permiso para eso, Nutiden.

  —?Puedo saber si… lo aprendió?

  —?Aprendí? —Incliné la cabeza—. ?Sobre Influencia?

  —No, me estaba refiriendo a la lengua del norte.

  ?Lengua del norte? Ah, lo olvidé por completo. Era lo que me había pedido.

  —Lo siento, Nutiden, lo olvidé.

  —No es un problema.

  Qué idiota. Fue lo único que me había pedido esta mujer desde que la conocí.

  Mierda.

  9

  —Y, tanto como en las aldeas hay bienes, también hay necesidades. Quizá alguien puede considerar al trabajo de llevar una cosa de un lugar a otro como una labor parasitaria; la gente que piensa así es necia, Heiko, o tiene un interés particular. No hay trabajo más digno que el de facilitarle la vida a otras personas.

  —?Tu trabajo-?

  —No es solo eso. También proceso muchos bienes y me involucro en la infraestructura de las ciudades. ?Recuerdas el cuchillo que perdiste? Se produce en grandes cantidades en esta misma ciudad. Hay un mercado para las armas, hay un mercado para la comida y hasta hay un mercado para la iluminación. Para lo único que no existe un mercado es para las idioteces que hace mi hermano con el dinero. Incluso el trabajo de mi madre… Por más- y estoy aligerando mis palabras…- por más que me costara admitirlo, hay un mercado para lo que hace mi madre. Hay más mercados que no. Hm… ?Se entendió esa expresión? Quiero decir que hay más bienes con un-

  —Sí, se entendió. ?Pero qué tal medicina o educación…?

  —?Crees que el sanador se puede alimentar de los buenos deseos de sus pacientes? ?O el maestro bebe del agradecimiento de sus alumnos? Todo tiene un mercado. Ese mercado se puede manifestar de distintas formas, pero es un mercado en fin. Mi hermano será médico y profesor; pero todo lo que da, lo cobra, y todo lo que le dan, lo paga.

  —Hay personas que nunca aceptarán esa forma de pensar.

  —?Qué, como los ignorantes del Imperio del Oeste? Ellos pueden pensar lo que deseen pensar; los que vivimos en la realidad mantendremos nuestros pies en la tierra. Su pueblo habla por sí solo: ignorante, desigual, indecoroso. Un reino horrible que solo puede existir gracias al desconocimiento de sus habitantes.

  —Y también el imperio más poderoso del mundo.

  —Eso es… cierto, pero hay muchos caminos hacia el poder. El poder no le pertenece ni al justo ni al correcto. El poder solo le corresponde al poderoso. Esa también es una realidad; hay que adaptarse a ella.

  —El poderoso se supondrá correcto y el endeble gritará injusticia. Nadie estará contento con esa ideología.

  —Hm. Puede ser… Pero, si uno nace en un pueblo pudiente, de una familia decente, con un cuerpo saludable, ?acaso tiene que llorar por no haber nacido en el cielo? ?Cuándo empezará la realidad indeclinable para ese tipo de persona? Para ellos, hay un dicho: “Siempre pediré más y, cuando lo tenga todo, lamentaré que me falta ‘nada’”.

  —Pfft.

  —Oh. ?Te dio risa? ?Lo entendiste?

  —Qué dicho más grosero —dije entre risas.

  —Solo te parece grosero porque conoces a alguien para el que aplica —Mira giró su cuerpo hacia mí—. Eres una persona interesante con la que hablar, Heiko, ?te lo había mencionado? Pero es raro…

  —?Qué cosa?

  —Para alguien que repara tanto en la “honestidad”, te empecinas en nunca decir lo que verdaderamente piensas en una discusión. ?Cómo explicarlo…? Es como si discutieras por deporte.

  —Algunos considerarían eso un insulto…

  —Pero tú no, ?cierto? ?Ves? ?Lo estás haciendo de nuevo!

  —No es que quiera ser deshonesto. Simplemente, disfruto de nuestras conversaciones y me interesa escuchar lo que dices.

  —Me siento halagada. Y me siento agradecida de que pueda distraerte por un momento, también.

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  ?Distraerme? Eso no es algo con lo que debería preocupar a Mira.

  —?Distraerme de qué? No hay nada de lo que debería distraerme.

  —Me temo que discrepo. Pero, para tener esa conversación, hay varios temas que tenemos que poner en orden.

  —No quiero molestarte, Mira…

  —Entonces dime la verdad. —Mira suspendió su sonrisa permanente para mirarme con unos ojos llenos de significado.

  Mira sabía que mentía con lo de mis memorias, pero no tenía forma de saber o vislumbrar mi relación con Balance. Tampoco tenía forma de explicarle. Era un poco increíble cómo una cláusula que había parecido tan insignificante terminó resultando un impedimento tan grande.

  —No es que quiera mentirte, Mira… No es…

  Antes de que me diera cuenta, Mira estaba delante de mí. Colocó su mano en mi mejilla, mirándome de frente.

  —Ya sé que no quieres mentirme… Sé que debes tener buenas razones para actuar como actúas… Pero hay cosas que no sé. No sé qué ocurrió con tus memorias; no sé por qué estás obsesionado con la Influencia… y no sé qué es lo que te está haciendo sufrir de esta manera.

  —No es nada, Mira. Es solamente mi propia debilidad.

  —?Y cuál es, exactamente, esa debilidad?

  —A- —estuve por responder de manera automática, pero me detuve.

  ?Cuál era, exactamente, mi debilidad? Nunca lo entendí. En cierto punto acepté el hecho de que nunca lo entendería y dejé de hacerme esta pregunta. ?Qué fue lo que me hizo encerrarme en mi cuarto en mi otra vida? ?Qué era lo que no me permitía aprender Influencia en esta? ?Cuál era mi “fuego”? No… Eran dos cosas distintas que estaban interfiriendo entre sí. Por un lado, existía un temor irracional como el que tenía el autor de la historia: ese temor no lo entendía en absoluto, pero nada tenía que ver con lo que no me permitía aprender la magia de este mundo.

  Existía un pensamiento, quizá nacido en la misma parte irracional de mi cerebro que le temía a pasar por el umbral de la puerta de mi cuarto. Ese pensamiento, muy en el fondo, creía que todo esto no era más que una extra?a y prolongada pesadilla. Esa parte de mí, insistente, estaba convencida de que pronto despertaría, de que volvería a ver a mi familia, de que podría pedirles perdón, disculparme y darle otro intento a mi vida.

  Esa parte no me permitía… No, esa parte no quería que avanzara más.

  —Mira…

  —?Sí?

  —Necesito ayuda… —supliqué.

  —?Con qué?

  —No sé qué debería hacer…

  Ya no sabía qué era lo que debería estar haciendo. No entendía si debería seguir los vagos deseos de Mira, seguir las instrucciones ininteligibles de Balance o seguir esperando al momento en que despierte en mi cuarto nuevamente. Ya no sabía qué debería estar haciendo.

  —?Y qué estuviste haciendo, por ahora?

  Al no entender por dónde venían sus palabras, dejé de mirar al suelo, como si eso me permitiría comprender a esta mujer.

  —?Q-Qué quieres decir, Mira?

  —Estos días que estuvimos en Minashi, ?qué estuviste haciendo?

  La excusa era que Partum “me estaba tratando”, pero no hice nada de eso. En todo momento que me encontraba con su hermano para insistir con el tratamiento de mis heridas, él desviaba mi atención y terminábamos, de una u otra forma, almorzando en el comedor. Sin saber qué hacer en esos momentos en donde no me estaba “curando”, visitaba la biblioteca para intentar cumplir con el objetivo que me otorgó Balance o leía lo que sea que considerara interesante. Es decir, fuera de mis intentos de aprender Influencia, estuve payaseando, perdiendo el tiempo.

  —V-Visité la biblioteca y charlé con Partum… No hice mucho más…

  —?Y cómo te cayó Partum?

  —No lo sé… ?Bien? Me molesta un poco que no hagamos el tratamiento…

  —?Y qué leíste en la biblioteca?

  Mira todavía seguía muy cerca de mí.

  —Em… Varios libros de Influencia y otros más…

  —?Hay algo más que te gustaría hacer?

  ?En este mundo?

  —Creo que no… Quizás me gustaría hablar un poco más contigo.

  —Entonces está bien, ?no?

  —?Cómo?

  —Estás haciendo bien. ?Qué más deberías estar haciendo? Estás aprovechando tu estadía en la ciudad y estás cumpliendo con mis órdenes. Estás haciendo todo lo que deberías hacer.

  —N-no… Hay más cosas que debería hacer. Debería aprender Influencia y-

  —?Por qué deberías aprender Influencia? Yo nunca te di esa orden.

  Hablé sin pensar.

  —Además, no tienes la capacidad. Por más que lo intentes, no lo lograrás. ?Por qué crees que deberías estar aprendiendo Influencia?

  —Perdón, Mira, no quería decir eso… Solo creo-

  —Lo dijiste porque lo pensabas. Es otra cosa que no me quieras decir por qué lo haces. En algún momento, comprenderás que mentirme es inútil. Tal vez funcionará con el resto del mundo; pero mentirme a mí es inútil.

  Sí, lo sabía. Sabía que mentirle era inútil. Era verdad.

  —Mira…

  —?Sí? —Sus ojos se iluminaron.

  —Hay-

  —No lo hagas —advirtió la voz foránea que no quería escuchar en mi cabeza.

  —?Qué hay? —repreguntó.

  No podía hacerlo.

  —Perdón, Mira…

  Mira suspiró, se levantó y se sentó nuevamente en su escritorio. A pesar de todo, en su rostro seguía habiendo una sonrisa.

  —Y, Heiko, ?te hiciste amigo de Nuti y de mi hermano?

  ?De dónde venía eso? Semejante curva en la conversación… ?No preguntará más sobre lo que le estaba ocultando? ?Acaso no le molestaba para nada? A mí, ciertamente, me parecería molesto o mínimamente frustrante. Me jactaba de tener un sentido muy agudo para las personas… Pero a Mira simplemente no la podía descifrar.

  —?Qué tiene que ver eso, Mira?

  —Tiene todo que ver —contestó, mirando sus papeles—. ?Por qué crees que asigné a Nuti a tu cuidado?

  Le pedí que dejara de hacerlo. Pensaba que lo había hecho en consideración a mi salud, pero no era necesario. ?Había otra razón?

  —No sé… —Confiando en que, en efecto, había otra razón; pero sin saber cuál era esta, le contesté con honestidad.

  —Heiko —Me miró a los ojos, antes de preguntarme—, ?estás disfrutando del instituto?

  —?Por qué preguntas eso? ?Cuál es el punto? ?Qué importa si estoy “disfrutando” del instituto o no? ?No debería haber un trabajo, algo que pueda hacer por ti? No te entiendo, Mira. No entiendo por qué tomas todo esto con tanta tranquilidad.

  —Sería raro que me lo tomara con preocupación. Hasta donde me concierne, tu secreto no es un problema. Si dirigieras algo de malicia hacia mí, lo sentiría. Entiendes, Heiko, ?no? Por eso, te pregunto nuevamente: ?estás disfrutando del instituto?

  —No entiendo… No te entiendo, Mira.

  Comencé a temblar. Que Mira dijera estas cosas hacían que no solo fuera yo el que estaba volviendo a ser lo que fui, sino que la situación en sí volvió a ser la misma. Me encontraba en la misma situación, con el mismo padecimiento. Era un mundo distinto, pero era exactamente la misma situación.

  Sentía que la tierra se estaba moviendo bajo mis pies. En este momento, no podía decir con certeza y honestidad que esto no era un sue?o. Ya no estaba seguro. Simplemente, era imposible que todo se repitiera de nuevo, ?no? Era imposible.

  —Perdón… Mira…

  Me levanté del asiento y me retiré con dificultad a la puerta.

  —?Heiko? Heiko, ?a dónde vas?

  —Perdón, Mira…

  Me escapé de la oficina.

  Ya no tenía más tiempo.

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