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Capítulo 31 - , Viejos Síntomas - Parte 2

  5

  Tengo que volver al instituto. Tengo que intentarlo nuevamente. Si lo consigo, entonces podré progresar. Debo tener éxito. Debo cambiar.

  Mi mano perdió todas las fuerzas al aproximarse al picaporte.

  Tenía miedo. Y tenía miedo de tener miedo… Me sentía así porque ya conocía esta sensación. Era el mismo de aquel entonces, el mismo malestar. Siempre era la misma sensación.

  Tenía un peso en el estómago. Mi cabeza estaba ardiendo.

  No me quedaba mucho tiempo… Si no lo conseguía pronto, entonces no tendría asegurado lograrlo en ningún tiempo cercano. No quería que todo ocurriera de nuevo.

  Apoyé mi mano en el picaporte, pero se resbaló por el sudor acumulado.

  No podía ocurrir de nuevo, no otra vez. No después de lo que sacrifiqué. No después de todas mis equivocaciones.

  Tenía miedo. Tenía miedo. Tenía miedo. Tenía miedo. Tenía miedo.

  La puerta se abrió.

  —Se?or, ?estaba despierto? Entré para despertarlo. Su desayuno está preparado.

  Aproveché la situación para dar un paso a través del marco de la puerta.

  6

  —?Estuviste disfrutando de la biblioteca? —me preguntó Partum.

  Asentí.

  —?Y sobre qué estuviste leyendo?

  —Influencia.

  —?Oh! Un tema fascinante, ?no? —El rubio tomó mi respuesta como una grata sorpresa—. Por lo menos para mí lo es. Mi interés por ella fue mi razón, de hecho, para fundar este instituto —dijo, antes de meterse una cucharada grande de comida en la boca.

  —?T-Tú fundaste el instituto, Partum? ?Con quiénes?

  Entendía que tenía una posición importante aquí. También entendía que no era el que estaba al mando de todo; el se?or bajito ese lo había mangoneado y me enumeró ocasiones en las que había sido castigado.

  —?Sí! ?Yo solito! Hice un buen trabajo, ??no!? Parece una institución viejísima, pero tan solo tiene unos diez a?os. La fundé a partir de la biblioteca que ya tenía la ciudad, por lo que pude aprovechar el talento de los intelectuales que la administraban. Pero, créeme —hizo una cruz con las manos—, no fue sencillo convencerlos. Los adultos y los ancianos suelen ser muy tercos y testarudos; no escucharán fácilmente lo que un joven de 15 a?os tiene para decirles.

  Bueno. El muchacho claramente era un genio, pero también era claramente un idiota. Era un genio-idiota. Yo, cuando tenía 15 a?os, celebraba el regalo de una tarjeta de video nueva de mis padres. Este hombre estaba poniéndose al mando de la creación de una universidad en la capital de uno de los países más importantes de su mundo. Ciertamente, era el hermano de Mira, eso no lo podía dudar más. Pero no conseguía entender del todo las jerarquías del lugar; es decir, si a unos simples estudiantes se les permitía atar y apedrear al director de toda la obra… Pero de nuevo, Partum era un idiota.

  —Partum, ?qué haces exactamente? ?Solo administras este instituto? ?Cómo lograste financiar todo esto? ?Te dieron plata tus padres? ?O Mira?

  Partum se rio ruidosamente con la comida aún en su boca.

  —?No sé cuál es más graciosa, si la idea de mis padres regalándome dinero o la idea de mi hermanita haciéndolo! —exclamó, carcajada de por medio.

  Bueno… A mí mis papás me regalaron una tarjeta de video… No era un pensamiento muy disparatado que sus padres le hayan dado un peque?o préstamo de un millón de dólares o algo así… Hablando de eso, ?cómo serán los padres de Mira y Partum? Mmm… Por algún motivo, pensar en ellos me hacía temblar.

  —Pero, bien pensado —contestó Partum, secándose una lágrima del ojo—, este lugar no se podría haber financiado solo… —El joven se acercó y me susurró—: Escucha, este es mi negocio principal.

  Repentinamente, produjo de su manga derecha una cuchilla larga que apuntó contra el puente de mi nariz.

  No reaccioné.

  Habiéndose divertido con la broma. El chico dio vuelta la cuchilla en su mano y me presentó su mango.

  —Vamos, tómalo. No muerde… Solo corta.

  Hice lo que se me pidió.

  —Es una cuchilla —noté lo obvio.

  —Claro, es una cuchilla. No muy linda, ?no? Y bastante oxidada también…

  —Es una cuchilla oxidada.

  Partum sonrió, levantó las cejas y me indicó algo con la cabeza.

  —?Qué?

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  —Pruébala. —Hizo el mismo gesto.

  Traje hacia mí la cuchilla que estaba sujetando con ambas manos. ?Cómo, exactamente, quería que la probara? ?Quería que cortara algo? ?…A alguien?

  —Dale un cuchillazo al aire, como si lo estuvieras cortando. Apúntale al pantalón de ese sujeto, si puedes.

  ?Al aire? Analicé el arma una vez más, intentando descubrir sus secretos… Era inútil.

  Por mera cortesía pasajera, decidí no seguir la indicación de Partum. Afortunadamente, como por obra divina, decidí no seguir la indicación de Partum.

  Le di un corte vertical al aire delante de mí. Al encontrarme en una de las mesas en medio del comedor, tenía unas tres mesas más hasta alcanzar la pared. Mesas llenas de gente, por cierto. Pero, nuevamente, como por acto divino, ninguna de esas personas estaba en medio de la trayectoria de la cuchilla.

  Siguiendo el movimiento de mi brazo, un viento tan filoso como la cuchilla misma se desprendió de esta. Nuestra mesa, la de delante, la que estaba delante de esa, y la que seguía a esa también, fueron cortadas limpiamente por la mitad. Finalmente, el corte fue recibido por la pared, dejando una marca perpendicular al suelo como el único remanente de mi acción.

  Me agaché como si hubiera disparado un arma por accidente.

  —?PARTUM, IDIOTA! —le grité en voz baja, debajo del asiento.

  Solté el cuchillo delicadamente en el banco mientras todo el comedor se sumía en un profundo silencio.

  Las mesas, al ser cortadas, dejaron caer todo lo que sostenían hacia los lados. Las personas, al casi ser cortadas, dejaron de mantener las amenas conversaciones que le daban vida al salón. Una espesa, tan gruesa como incómoda capa de silencio se esparció por todo el lugar.

  —?JA, JA, JA! —rio el lunático al que había confundido por un ser humano consciente y sensato.

  —?PARTUM! ??CUáNTAS VECES TE DIJIMOS QUE NO AGITARAS ESE CUCHILLO POR DOQUIER!?

  —?Perdón, chicos! ?Fue un accidente! ?Lo juro! ?Pfftt…! ?Ja, ja, ja!

  Una muchedumbre de personas recogió a mi “doctor” de su asiento como si le estuvieran por suministrar la paliza de su vida.

  Yo me retiré por un costado, intentando no llamar la atención.

  7

  Eso era Influencia. Uno de esos “artilugios mágicos” sobre los que había leído. Partum no había podido terminar lo que quería decir, pero creo que la idea quedó bastante clara. él se dedicaba a la venta, colección o algo relacionado con esos artefactos. Ciertamente, poseían un poder aterrador y podían ser usados incluso por personas sin capacidades como yo. Su utilidad era obvia.

  Si podía tener un poder similar a ese… Entonces la idea de derrotar a ese duende, o al árbol, o esos héroes, no parecía tan descabellada. Una fuerza sobrehumana, capaz de destruir todo lo que se encontraba… Tenía que conseguirlo… Tenía que aprenderlo lo más rápido posible… No me quedaba mucho tiempo.

  —?Se encuentra bien, se?or?

  ?Ah! Mierda, me había olvidado que estaba conmigo.

  —?Nutiden! ?Desde hace cuánto tiempo estás ahí?

  Me había detenido en la entrada de la biblioteca del instituto, intentando juntar fuerzas para sumergirme en la mayor cantidad de libros que podía encontrar. La poca gente que circulaba lo hacía rodeándome tranquilamente, así que no me preocupé por obstaculizar a un transeúnte… Pero me había olvidado completamente de esta chica… Creo que ni siquiera hacía ruido al pisar…

  —Lo estuve acompa?ando todo el día, se?or.

  Es cierto, había sido así toda la semana. No había razón para que eso cambiara hoy particularmente. Ya le había pedido a Mira que la retirara de su función, pero ella insistía con esto. No entendía por qué la estorbaba con mi cuidado… No había nada con lo que me pudiera verdaderamente ayudar.

  Recordé las palabras de Mira.

  Nutiden… Ella sabía Influencia. Ella quizás era capaz de ayudarme… Si hubiera una manera…

  Al recordar algo que había leído, golpeé mi pu?o derecho contra mi palma izquierda, terrible error.

  —Hngh —me mordí los labios para soportar el dolor.

  ?Los hechizos complejos! Estos se ense?aban conectando las vías de Influencia y realizando una muestra para el estudiante. ?También fue la forma en la que le ense?aban al autor del libro ese cuando era peque?o!

  —?Nutiden! ??Te puedo pedir un favor!?

  —?Sí, se?or?

  —??Puedes mostrarme un hechizo!?

  —Por supuesto. —La sirvienta, sin esperar más, levantó el brazo derecho-

  —?Espera! —le grité, haciendo que inclinara la cabeza en confusión—. ?Quiero que conectes nuestras vías antes de que lo hagas!

  —Si eso desea, entonces lo complaceré.

  Nutiden recogió mi mano de manera delicada y procedió a realizar un movimiento invisible.

  Lo sentí. Una sensación completamente alienígena, atravesando todo mi brazo y extendiéndose a cada rincón de mi cuerpo. Esto era Influencia, esto era el movimiento de la Influencia en el cuerpo de uno. Lo sentí.

  Nutiden, tras haber cumplido con la primera parte de mi pedido, se alejó repentinamente de mí. Por primera vez, su cara no era la de póker de siempre, sino una de genuina confusión, dirigida a ningún punto en particular, sino a toda mi persona.

  —?Qué sucedió, Nutiden?

  ?Acaso lo que había sentido no era lo que tenía que pasar? ?No era eso la Influencia? ?Qué había ocurrido para que Nutiden reaccionara de esa forma?

  —No es nada, se?or. Resumamos.

  Nutiden se recuperó y recogió nuevamente mi mano con suma delicadeza. La sensación foránea se esparció por mi cuerpo de nuevo y-

  —Hn- —Nutiden farfulló de esa manera, quizás intentando concentrarse.

  Levantó su brazo y luego giró su palma. Encima de su mano se creó una canica de fuego de un calor intenso que en poco tiempo creció en tama?o, manteniendo su forma de tal manera que era casi idéntica a una bola de metal fundido. Tan solo peque?os arcos y erupciones se formaban en la superficie de la bola de fuego; si ella decidía tirar su hechizo al cielo, este sería indistinguible del sol.

  Nutiden me miró, solicitando mi aprobación sobre su desempe?o; se la di. Entonces, tan pronto como se formó ese sol peque?o en su mano, el mismo colapsó.

  —Increíble, Nutiden. ?Eso fue un hechizo complejo?

  —No. Fue simple manifestación de fuego.

  Huh. No era para nada similar a la Influencia de Aíto, a pesar de que eran básicamente el mismo hechizo. ?La Influencia era distinta en cada individuo? ?O quizá había una diferencia en atributo o aptitud?

  Pero eso había sido suficiente. Había sido más que suficiente, de hecho. Logré sentir el movimiento de la Influencia por todo mi cuerpo; si me concentraba en reproducir esa sensación y cumplía con todos los otros pasos también, ?entonces estaba seguro de que…! Estaba seguro de que… podía hacerlo funcionar…

  Tenía que hacerlo funcionar.

  —Gracias, Nutiden.

  Levanté el brazo. No tenía la capacidad de realizar un hechizo de la magnitud del cuchillo de Partum; no debería haber problemas por intentarlo en la entrada de la biblioteca.

  Primero, la imagen del agua, lo más clara posible. Segundo, la sensación de la sustancia recorriendo mi interior, concentrándose en un punto. Tercero, concentrar el atributo; no tenía certeza de lo que esto conllevaba, pero creo que lo puedo manejar. Cuarto-

  En las puntas de mis dedos se formó el mismo cosquilleo; aquel cosquilleo que me indicaba lo cerca que estaba de conseguirlo. Solo necesitaba un peque?o empujón; con un peque?o empujón, lo podría lograr…

  Un peque?o empujón…

  La imagen se perdió en el fondo de mis pensamientos, el cosquilleo se apagó.

  Había fracasado otra vez.

  …

  Iré a la biblioteca y lo intentaré nuevamente después de leer todo lo que consiga allí.

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