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Capítulo 30 - , Viejos Síntomas - Parte 1

  1

  —████.

  Mi nombre en la puerta.

  —████, te estoy esperando —era una voz armoniosa y tan, tan cálida.

  Yo la podía oír desde el otro lado.

  —████, solo quiero saber que estás bien —era la voz de mi madre.

  Apreté los dientes y apoyé mi cuerpo sobre la puerta.

  —Para serte honesta, estoy preocupada —el color de su voz era azul melancólico—. Me preocupa que no salgas de allí. Tengo miedo de que hagas algo… Solo me gustaría verte otra vez.

  Cerré los ojos y dejé caer mi cuerpo al piso.

  —Solo quiero ver a mi hijo feliz otra vez —dejó salir, junto a un leve sollozo.

  Perdón.

  —Tu cumplea?os será muy pronto —se recompuso un poco—; tus hermanos están emocionados. Puedes salir cuando quieras, nadie te dirá nada.

  Perdón.

  —El problema que tienes… Si nos lo quieres decir, te estaremos esperando. O si quieres decírmelo solo a mí… o a tu padre.

  Perdón. Perdón.

  —Por favor, dime —suplicó, su voz quebradiza—, ?cuánto tiempo te quedarás allí?

  Perdón. Perdón. ?Perdón!

  2

  —???AHHH!!!

  —?Se?or! ??Se encuentra bien!?

  ?Dónde estaba? ?Dónde estoy? En…

  Ah. Era un sue?o. Sigo aquí. Estoy con Mira.

  —Perdón, Nutiden.

  Sequé las lágrimas que se habían escapado de manera profusa mientras so?aba. Ya estaba siendo un evento recurrente.

  —?Está seguro de que se encuentra bien?

  —Sí, Nutiden. Fue solo un… mal sue?o.

  —?Desea que haga algo por usted?

  —No es necesario, Nutiden. Muchas gracias.

  Ya que la chica no tenía problema en ingresar a mi habitación mientras dormía, empecé a entrar en el hábito de vestirme antes de dormir, por lo que cambiarme no era una necesidad.

  —?Está el desayuno preparado?

  —Sí, se?or.

  —Gracias, Nutiden.

  —Es mi trabajo, se?or.

  Di un solo paso hacia la entrada; entonces sentí un peso enorme cayendo en mis hombros.

  No podía avanzar más.

  —?Está bien, se?or?

  —Nutiden.

  —?Sí?

  —?Podrías retirarte un segundo? Yo iré dentro de poco.

  ——Como usted desee. —La sirvienta se inclinó antes de marcharse.

  No me podía mover.

  “Solo quiero ver a mi hijo feliz otra vez.”

  La enorme injusticia que le había propinado a mi madre no tenía nombre. Había hecho algo sin ningún perdón.

  Dejé de hacer fuerza con las piernas para apoyarme en el suelo de madera.

  Sin dar razones, sin tenerlas siquiera. Sin motivo ni justificación. Sin excusa y sin consuelo. Preocupar y lastimar a las únicas personas que me importaban de tal forma, solo para terminar optando por escapar y no volver nunca más. Sin respuestas, sin conclusiones: solo dolor y confusión. De esa forma había tratado a las personas que más amaba. ?Cómo podía osar pensar que yo merecía ser amado?

  No…

  No podía caer en esto de nuevo. Tenía una misión ahora. Tenía una responsabilidad y un contrato. Tenía la certeza de que, con tan solo hacer lo que se pedía de mí, podría cambiar. Podría ser distinto.

  Tenía que aprender a utilizar Influencia; esa era mi misión. Ese era mi objetivo. Si era capaz de hacer eso, entonces… todo cambiaría. Así que tenía que hacerlo.

  Levanté mi brazo derecho; el izquierdo todavía tenía un poco de dolor y no quería ninguna inconveniencia. Era un hechizo básico, algo que los ni?os de este mundo podían hacer. Solo tenía que materializar agua en las puntas de mis dedos. Tenía que crear el punto de eyección, concentrar la Influencia, crear la imagen, fortalecer mi atributo y entonces…

  Sentía algo. Sentía que estaba cerca de lograr algo. Había un cosquilleo en mi mano, algo que se aproximaba tímidamente y daba una peque?a se?al.

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  Estaba cerca. Estaba cerca… Estaba tan cerca…

  Pero lo perdí. En el último instante, la imagen en mi cabeza se empa?ó.

  Tan solo podía mirar al suelo de la habitación y asumir mi fracaso.

  3

  Volví a la biblioteca. Dejé a un lado todos los libros que no había leído y recolecté todo lo que encontraba relacionado con la Influencia.

  Comencé a leer.

  Ninguno decía nada nuevo. Había descripciones que comparaban el movimiento de la Influencia con el de un tentáculo y otras, contradictorias, que la equiparaban a un músculo. Un cuento intrascendente sobre un ni?o que podía utilizar Influencia desde su nacimiento. Una explicación errónea sobre el origen de los atributos. Un libro detallaba el crecimiento del núcleo en ni?os con talento. En este mundo, los ni?os podían nacer con tama?os de núcleos increíblemente dispares, incluso entre los talentosos, pero, al mismo tiempo, su potencial de crecimiento era otra variable completamente independiente. Incluso si el tama?o inicial de un núcleo era menor que otro, su potencial podía ser mayor. No sabía cuál era mi caso en particular. Había varios ejemplos de ni?os cuyos núcleos crecían rápidamente hasta los siete u ocho a?os y, luego, dejaban de expandirse con tanta velocidad. A pesar de no haberse endurecido aún, era como si su destino estuviera escrito.

  Otro libro hablaba de artilugios mágicos: objetos que, al ser expuestos a una gran cantidad de Influencia, adquirieron propiedades especiales; estos suelen encontrarse en lugares denominados “laberintos”.

  No había nada útil. Había leído por completo 15 libros distintos, algunos en otros idiomas, pero no podía hacer uso de ninguna de las descripciones que me ofrecían.

  Quizá debería pedirle a alguien que me ense?ara uno de esos hechizos complejos; tal vez así sería capaz de entender la forma en la que se usa la Influencia. Incluso si no puedo replicar un hechizo; si tan solo entiendo un poco más…

  Fue entonces que encontré un libro particular. Era solamente una historia, la historia de un ni?o. El título del libro era: “Mago”. Como estaba vagamente relacionado con la Influencia, lo recogí; pero, al no tener ninguna expectativa de él, lo dejé para el final. No era una leyenda, ni tampoco un ensayo. Solo era el recuento en primera persona de lo que experimentó el autor en su ni?ez.

  El autor le temía al fuego. Ese temor no tenía una causa particular, al menos no una que él recordase. El ni?o no podía ver fuego y permanecer tranquilo; la sensación del calor en su piel le era insoportablemente incómoda. A pesar de eso, el ni?o tuvo que crecer rodeado del elemento. No era como que las personas en este mundo tuvieran electricidad; no había hornos, ni lámparas; por lo que el fuego fue un desagradable acompa?ante en su vida.

  Entonces, el hechicero de su pueblo lo diagnosticó como alguien con aptitud para la Influencia. El ni?o había reaccionado como cualquiera lo haría, con emoción. Sus padres estaban satisfechos con sus prospectos también. “Tal vez ahora superarás ese tonto miedo a las fogatas”, le había bromeado su padre, sin mucho pensamiento detrás del chiste. El autor nunca pudo olvidar esas palabras, quizá por la insensibilidad de su pariente, quizá por la impotencia que le hizo sentir. Después de todo, era un miedo irracional, un miedo sin razón.

  El hechicero del pueblo le intentaba ense?ar Influencia, pero el ni?o nunca lograba concretar ni el más mínimo hechizo básico; apenas era capaz de controlar peque?as cantidades de agua. Su hechicero tutor estaba frustrado. Aparentemente, el talento del ni?o era enorme; pero, después de meses de tutoría, solo había logrado que el ni?o se sirviera un vaso de agua con extrema dificultad.

  El ni?o so?aba y fantaseaba con ser un hechicero imponente. Pensaba que, si llegaba a cierto nivel de habilidad, o cierto nivel de poder, su miedo al fuego se volvería un asunto del pasado; ?por qué le tendría miedo a algo que podía extinguir con un movimiento de su mano?

  Despertando de una de esas fantasías, el ni?o se encontró delante de su casa, confrontando esa sensación familiar y desagradable de sus poros siendo abrasados por el calor de una llama. El movimiento violento y aterrador del fuego vivo ocupando todo su campo de visión. Como si fueran los deseos de un dios de humor cínico e irónico, su casa se estaba incendiando.

  Pánico, primero; luego miedo, terror, pavor, el más profundo horror nacido de su fobia, pero pronto hecho un resultado racional de su horrible situación. Después de llorar, después de desahogar sus penas delante de su peor pesadilla, otro sentimiento comenzó a formarse en su interior: Una bruta, implacable, enérgica, feroz y ardiente ira. Una ira tan tórrida, tan sofocante, que logró quemar incluso esa irracional e incapacitante fobia que se encontraba en el lugar más recóndito de su interior.

  Como en sus fantasías, con el movimiento de uno de sus brazos, partió la llama que estaba carbonizando su casa. No logró recuperar nada. No ganó nada. Perdió todo y, cuando lo hizo, ganó el talento que su potencial tanto prometía.

  No había una ense?anza particular, no había un mensaje ni una explicación de nada. Solo era una historia.

  El autor cierra el libro con el dato de que había logrado alcanzar el nivel de “mago” en el a?o que escribió este libro, por ende el título del mismo.

  El autor tenía talento, pero su miedo irracional lo hacía impotente. El “fuego” no le permitía acceder a su propia habilidad.

  ?Cuál era mi “fuego”? ?Cómo me deshacía de él?

  Me retiré al campo de pruebas.

  Si eliminaba todo pensamiento basura que estorbaba mi imagen, si canalizaba mi atributo correctamente, entonces también debería tener éxito. Al menos, eso me dijeron Partum y Balance. Debería tener talento para esto; debería ser mi punto fuerte.

  Estiré mi mano derecha. Pensé en “agua”, solo “agua”. No sabía cómo funcionaba el movimiento intra-corporal de la Influencia; lo mejor que podía intentar era formar una imagen sólida en mi cabeza.

  Y… Lo sentía… Sentía algo tomando forma… Sentía ese cosquilleo en las puntas de mis dedos… Sentía que estaba a punto de conseguirlo.

  …

  …

  …

  —?Qué estás haciendo? —era una voz grave y severa—. ?Cuánto tiempo vas a seguir escondido?

  Sentí un frío sudor escalando por mi cuerpo.

  —?Cuánto tiempo tardarás?

  Mis ojos recorrían toda la habitación desordenada, buscando desesperadamente un escape; al no conseguirlo, volvían preventivamente a la puerta, asegurándome de que nada del exterior se estuviera asomando por ella.

  —Hay cosas que debes hacer —me advirtió la voz desde afuera—. Sabes que esto no puede durar para siempre, ?no?

  Mi cabeza comenzó a arder.

  …

  …

  …

  Nutiden me asistió para ponerme de pie. Me había olvidado de su presencia. ?Estuvo siguiéndome todo el día?

  No podía respirar…

  No- No podía pensar con claridad…

  Mi cabeza estaba ardiendo…

  …

  Fracasé otra vez.

  4

  —?Está intentando utilizar Influencia?

  La sirviente asintió.

  —Sí, se?ora. Cada vez que lo intenta, fracasa; pero él no desiste.

  —Qué extra?o… ?Por qué insistiría con eso, si sabe que no tiene talento? No es ese tipo de persona…

  —No lo sé, se?ora. En la biblioteca leyó 15 libros distintos sobre el asunto. Lee increíblemente rápido.

  Mira silbó.

  —Para que Nuti lo esté diciendo, realmente debe ser veloz. Por otro lado, eso significa que está obsesionado con el asunto…

  —Si me permite…

  —No tienes que pedir permiso, Nuti.

  —?Cuál es la historia del se?or? Por lo que vi es una persona… increíblemente extra?a.

  —Huh. No recuerdo que alguna vez te hayas interesado en otra persona… Pero tal vez eso se deba a mi mala memoria.

  La sirviente permaneció en silencio, esperando la respuesta a su pregunta; Mira eventualmente se la concedió.

  —?Quién sabe? —pero se la concedió con otra pregunta, achicándose de hombros—. Ni siquiera yo conozco su verdadero origen.

  —Se?ora, si me permite, ?por qué lo trajo aquí, si ni siquiera sabe eso?

  —Si a Nutiden Inovatio le terminó interesando el chico, entonces no me equivoqué en traerlo. Ya lo has visto, ?no? Es un espécimen peculiar. Me interesa.

  La sirviente no respondió, haciendo que la sonrisa en la cara de Mira desfallezca levemente.

  —Pero esto es un problema, ?no? Si las cosas siguen así, me tendré que involucrar de nuevo. No es como si no tuviera un plan para él, pero no quería adelantar las cosas…

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