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Capítulo 36 - Adiós Para Siempre - Parte 2

  4

  —Nutiden.

  Aún sentado en la mesa de la biblioteca, llamé a la sirvienta que estaba en una esquina.

  —?Sí, se?or? ?Ya terminó su lectura? Aún tiene tiempo.

  —Eh… Sí, ya terminé de leer todo lo que quería leer…

  —Debo felicitarlo por su capacidad para leer de manera tan veloz.

  —Sí… Siempre fui algo rápido para leer. Pero eso no es lo que quería decirte.

  —?Qué pregunta tiene para mí, se?or?

  —No es tanto una pregunta como una propuesta… En la ciudad hay lugares donde comer, ?no? Podríamos visitar uno de esos… si quieres.

  —Se?or, le pido, por favor, que no me haga comer con usted de nuevo.

  —?Cuál es el problema? Tú eres más importante que yo, para empezar. No deberías quedarte quieta mientras como a tu lado.

  —Ambos somos Inovatio ahora, se?or. En este momento, nuestro valor para la familia es el mismo. Y, para la se?ora Mira, usted es más importante que yo.

  —Espera, Nutiden, ?eres una Inovatio?

  —Sí, se?or. Vinculada por la se?ora Regina, madre de Mira.

  Esto hacía que todo fuera absolutamente incomprensible.

  —??Pero qué haces sirviéndome, entonces!? ??No te deberían servir como a mí!?

  —Mi propósito, en el momento que fui adquirida, era el de servir. Me destaqué por mis habilidades y la se?ora Regina recompensó ese hecho.

  ?Adquirida? El continente del norte, su educación… ?Cuál era la historia de esta chica?

  Agité mi cabeza y me concentré en la conversación.

  —Nutiden, ?cuál es tu razón para no querer comer conmigo?

  —Mis deberes como sirviente incluyen asistirle en todo momento y en toda actividad que realice. Un sirviente no puede comer con la persona que sirve: sería una descortesía, para empezar, y también se estaría faltando a sus funciones.

  —No me importa nada sobre las descortesías ni nada, solo quiero comer contigo. ?No puedo relevarte de tu cargo… o algo?

  —Las órdenes de servirlo provinieron de la se?ora Mira, la persona que lo vinculó. Incluso si usted y yo tenemos el mismo valor para la familia, ese no es el caso para la se?ora Mira. Las órdenes de usted, aunque con autoridad, no tienen la capacidad de invalidar las de ella.

  ?Qué era todo este sistema clínicamente dise?ado para distanciar a la gente? Me hacía sentir increíblemente frustrado.

  Sería sencillo desestimar todos estos conceptos de servidumbre y lo que fuera para poder mantener una relación más cómoda con ella. Pero lo cierto era que hacer eso, aunque para alguien con mis valores culturales sonara como un acto bondadoso y heroico, para ella sería sobrepasar algunos límites.

  Era una gran inconveniencia; quería poder hablar de manera franca y tranquila con ella, pero simplemente no podía.

  Tenía que idear algo.

  —Nutiden, ?podemos hacer un trato?

  —Tales cosas no son necesarias. Cualquier cosa que necesite, solo tiene que pedirla.

  —Tenemos el mismo rango en la familia, ?no? ?Puedo hacerte un pedido, pero no como sirviente y maestro, sino de igual a igual?

  —Soy su sirviente, puede pedir lo que sea.

  ?Maldita mujer que no cede…!

  —Bueno, Nutiden, este es mi pedido: hagamos un trato. ?Has visto todo lo que hice en el comedor? ?Eso de enga?arte para que comieras con nosotros…?

  —No lo veía de esa forma, pero sé a lo que se está refiriendo. Me gustaría que no lo hiciera más, se?or.

  —Bueno, Nutiden. La verdad es que tengo cientos de trucos así para enga?arte todos los días y repetir lo mismo una y otra vez, si es necesario.

  —Me gustaría que no utilizara esa fullería contra mi persona, se?or.

  Había cierto mérito en decir algo, que usualmente llevaría un mínimo matiz de emoción, con total compostura.

  —Por eso quiero hacer un trato contigo, Nutiden. Si las cosas siguen así, entonces es un hecho que te enga?aré y te haré caer en innumerables tretas para salirme con la mía.

  —Por favor, no, se?or —suplicó, en su tono completamente monótono.

  —Quiero hacer un trato contigo. —Me levanté del asiento para hablarle de frente—. Una vez por día —enuncié, levantando el dedo índice de mi mano izquierda—. Solo una vez por día, me gustaría que obedecieras mis instrucciones, aunque estas fueran indecorosas. Prometo que no pediré nada denigrante, solo quiero tener el privilegio de poder hablar contigo como tu par, al menos una vez por día. Si accedes a mi trato, entonces no prepararé ninguna trampa ni confabulación contra ti.

  Usualmente, Nutiden era inmediata para contestar. Si era algo que requería consideración, lo pensaba, como máximo, por un segundo. Si era algo que debía pensar profundamente, entonces rellenaba el silencio con palabrerío formal de oratoria y entonces proporcionaba la respuesta adecuada. Esta vez, sin embargo, lo pensó por unos segundos en silencio.

  —Para obedecer sus deseos, ponderaré su petición no como un sirviente, sino como un igual.

  No pude evitar sonreír cuando escuché su parcial afirmativa.

  —Entonces, ?quieres aceptar mi trato?

  Demoró unos segundos más.

  —Está… —Su incomodidad era evidente— bien…

  Aceptó.

  5

  —Hay casas de té, puestos de comida y tabernas, como tiendas que ofrecen alimentos.

  —Las casas de té ofrecen comida en el establecimiento, ?no? No es como que solo te dan una bolsa con hojas de té o algo así.

  —Así es, ofrecen té y una limitada selección de panadería.

  —Jo… ?Te gustan los panes, Nutiden?

  Nutiden asintió con la cabeza. Aún no podía digerir la idea de comportarse como una igual por un momento, pero yo debía insistir hasta que se acostumbrase.

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  Usualmente, ella caminaba un poco detrás de mí y, cuando yo le pedía que se adelantara, se negaba. Igualmente, quitando mi propio confort de la ecuación, tenerla a mi lado no debería ser de ninguna utilidad. Para toda palabra, pregunta o petición que sale de mi boca, una respuesta bien formulada, pronunciada y adornada con un “, se?or-” vendrá de compensación. Responderme con solamente un gesto era un gran indicador de la incomodidad que le estaba causando o, quizá, era una forma más honesta y suya de comunicarse.

  —Todo está funcionando bien hoy, ?no, Nutiden? Eso me hace pensar…

  —?Qué cosa, se?or?

  Bueno. Revirtió a su comunicación normal. Pero probablemente estaba demasiado habituada a hablar de esta forma. Igual, creo que ella no diría “cosa” usualmente…

  —Nada, Nutiden. Si no me equivoco, esas casas de té deberían estar en el segundo círculo de la ciudad. ?Hay alguna que aconsejarías?

  —Sí, se?or. Una se encuentra por aquí cerca.

  Volvió completamente a su forma de hablar.

  Levanté la mano izquierda y chasqueé los dedos. Inmediatamente, se encendió una llama encima de mi pulgar levantado. El chasquido era pura teatralidad, pero tenía una función real en mi aprendizaje. Servía para simular una acción medianamente compleja a la vez que canalizaba la magia. Los hechiceros tenían que utilizar su Influencia de manera activa y reactiva en combate, ni hablar de que en ocasiones era utilizada para la misma movilidad del usuario. En pocas palabras, tendría que ser capaz de hacer estos procesos de manera veloz y, me aventuraba a decir, inconsciente.

  Mientras mantenía la Influencia fluyendo en mi mano izquierda, chasqueé con la otra mano y creé una peque?a bola de agua en la cima de mi otro pulgar. No tenía nada que envidiarle al coronel; quizá no tenía su potencia de fuego, pero podía crear agua también y no necesitaba guantes especiales ni círculos de transmutación extra?os.

  —?Se?or! ??Cómo puede hacer eso!?

  —Mira, Nutiden. La puedo mover en el aire.

  Delante de su cara, hice círculos con mi pu?o y dedo levantado. Obviamente, con mi mano derecha. No era tan idiota para quemar su tan bello rostro por accidente.

  Por otro lado, sus ojos azules estaban siguiendo de manera adorable la bola de agua.

  Espera, ?Nutiden me había gritado?

  —??Cómo es capaz de hacer eso, se?or!?

  —?Eh…? Es Influencia, Nutiden, ?no me viste leyendo todos esos libros?

  —Pero… El se?or Partum ya le realizó un examen de capacidad.

  —Ah… cierto…

  Honestamente, me había olvidado. Había estado tan concentrado en intentar aprender esto que olvidé que sería teóricamente imposible según la gente a mi alrededor.

  Ella estaba simplemente desconcertada. Obviamente, no mostraba nada de eso en su rostro, pero el volumen de su voz era ligeramente más alto.

  —Más que eso, ?cómo puede utilizar dos hechizos al mismo tiempo? Y dos hechizos de distintos atributos, ni más ni menos-

  —Eh… ?Haces un hechizo y después el otro?

  —Pero tiene que mantener ambas imágenes en simultáneo.

  —?Eso es difícil?

  —?Cuánta experiencia tiene con la Influencia?

  —Unas horas.

  Mi primer hechizo me salió ayer a la noche.

  Nutiden estuvo a punto de decir algo, pero se detuvo.

  —Mira esto, Nutiden.

  Levanté mi mano con fuego y metí el nudillo de mi pulgar en la boca, apagándolo en el momento que ingresó por mis labios. La barrera que protegía de la Influencia propia era muy real y potente; casi no se podía sentir el calor de mi magia. Retiré el dedo y encendí la llama. Actuando como si hubiera estado encendida todo el tiempo.

  —?Se?or, no haga eso!

  —Tranquila, Nutiden, lo apagué cuando entró a mi boca. Es como un truco de magia, ?no?

  Siempre quise poder hacer trucos de magia, pero nunca tuve la disciplina de aprender la prestidigitación necesaria. Esto era como un truco. Un truco, de un truco. Ja.

  —?Cómo tiene tanto control?

  —No tengo mucho control. Apenas puedo manejar estos volúmenes… Y no puedo hacer movimientos muy complejos porque pierdo la imagen…

  —Pero, se?or, tiene menos de un día de experiencia.

  —Nah… Pero estuve intentando hacerlo desde hace mucho tiempo. He leído muuucho.

  —Supongo que eso es cierto…

  —No importa la Influencia, Nutiden. ?Dónde queda la casa de té?

  ——…Tomando la derecha aquí.

  Oh. Sobre la peatonal. Bueno, no iba a poder hablar con mucha tranquilidad allí, así que esperaré hasta llegar al sitio para decirle lo que quería.

  6

  —?Estás cómoda, Nutiden?

  —Para serle sincera, no.

  —Lo siento.

  No había nada que pudiera hacer. Supongo que a futuro intentaré mantener estos almuerzos compartidos en un ámbito más privado.

  El lugar solo ofrecía un pan recién horneado, muy redondito y carismático. Además del té, por supuesto. No tenía idea de cuál era el precio de las cosas en este mundo; era muy privilegiado, en ese aspecto. Cuando el hombre en el mostrador me pidió un jyuukoiri por todo el servicio, yo no sabía qué moneda, de las que me había suministrado Mira, sacar. Por suerte, Nutiden me rescató utilizando los fondos que estaban a su disposición. El dinero que Mira colocó en pos de cuidarme fue distribuido en una proporción muy peque?a a mí (supongo que con el objetivo de familiarizarme con la moneda) y su mayor parte a Nutiden.

  Sea como fuere, el jyuukoiri era la moneda de bronce con la cara de ese sujeto en frente.

  Partí el pan en dos y le entregué la mitad más generosa a Nutiden. Ella tardó un tiempo en aceptarlo, pero eventualmente comenzó a comer el pan en peque?as mordidas.

  Aproveché el momento para respirar. Respirar el aire tan fresco de este mundo, esta vez con un leve acento de brisa marina.

  Minashi era un lugar hermoso, eso lo podía decir incluso yo, que no era particularmente adepto a los grandes cúmulos de poblaciones. Quizá por el aire fresco, la cantidad de gente nunca me generó un problema. En parte, me había acostumbrado, especialmente tras mi experiencia en Choura. Las miradas ya no me afectaban en lo más mínimo; si ese fuera el caso, básicamente no podría pisar el instituto.

  La ciudad era increíblemente colorida; parecía ser favorecida por el sol, porque aquí la luz era particularmente intensa. Era como si esa tonta imagen mental que tengo cuando escucho sobre un “agujero en la capa de ozono” estuviera encima de esta ciudad.

  Cada piedra, cada farol, cada árbol era tan, tan brillante. Contrastaba una cosa con la otra, como si todo tuviera su espacio, como si todo fuera parte de una gran pintura.

  No podía negar que en parte era mi propia predisposición. No me había fijado en la belleza del lugar ni un segundo hasta esta ma?ana; no me había importado. Pero ahora sentía que mi visión había aumentado; sentía que podía ver con claridad cada aspecto de lo que siempre había estado frente a mí. Todo lo que había ocurrido hasta ayer se reproducía en mi cabeza como si hubiera ocurrido en un frenesí; como si hubiera vivido en un estado en el que simplemente no podía pensar de manera lúcida.

  Si diría que había algo a lo que, a pesar de todo, siempre pude apreciar su belleza, eso era la mujer que tenía delante. Mira siempre va a tener el primer puesto en mi corazón… especialmente después de… Pero eso no revierte el hecho de que Nutiden era una mujer increíblemente hermosa.

  La madera jugaba con las piedras, que jugaban con la tierra, que jugaba con los árboles, que jugaban con el cielo. Todo era increíblemente hermoso. Incluso el aire…

  —Ha…

  Se sentía bien.

  Nutiden estaba tomando su té cuando finalmente le dije lo que quería decirle.

  Apoyé las manos sobre la mesa y bajé mi cabeza hasta reclinar mi cuerpo lo más que me era posible.

  —Lo siento, Nutiden —me disculpé.

  La chica se detuvo en seco. Abrió los ojos y apoyó la taza de té en la mesa.

  —Se?or… ?Eso fue…?

  —La lengua del norte. Lo que dije fue: “Lo siento, Nutiden”.

  —?Verdaderamente…? ?Verdaderamente aprendió el idioma?

  —Sí —le respondí en su idioma—. Si hay algo que te gustaría escuchar, o que quieres que haga, con gusto haré todo lo posible para satisfacer tu pedido.

  —No… No es necesario.

  —Quería disculparme, Nutiden. Por varias cosas, en realidad; pero, especialmente, por lo que hice antes de ayer, eso fue inaceptable.

  —?A qué se refiere?

  —A gritarte cuando estaba intentando realizar el hechizo. No fue apropiado, lo siento. Y también me disculpo por haberte prometido que aprendería la lengua del norte, solo para luego olvidarlo. Me disculpo por eso también. Realmente te estuve tratando muy mal estos días… Lo siento.

  —Se?or, soy su sirviente. Una disculpa de este tipo no es necesaria. No me siento ofendida por sus acciones, ni tampoco es mi lugar sentirme así.

  —Aunque pienses eso, me gustaría provocarte la menor cantidad de problemas posible. Me gustaría que te sintieras cómoda mientras estás conmigo. Creo que nunca me acostumbraré a esto de tener un sirviente… e igualmente estoy seguro de que Mira pronto te liberará de tu cargo, por lo que no sé qué tanto sentido tiene decir todo esto ahora… Solo quería pedirte perdón, supongo… Y agradecerte también por haberme cuidado estos días tan… tumultuosos. Creo que ahora estoy mucho mejor y eso es en no poca parte gracias a ti. Gracias, Nutiden.

  La sirvienta no respondió con sus típicas formalidades; solamente asintió y, luego de unos segundos, realizó una peque?a reverencia que se sintió más genuina que una simple cortesía.

  Poco tiempo después, tomó otro sorbo peque?o de su taza de té, sin abandonar su cara de póker. No pude evitar levantar una sonrisa por su graciosada.

  —Nutiden.

  —?Sí, se?or? —preguntó, inclinando la cabeza.

  —Nutiden. ?Puedo llamarte “Nuti”, también? Es un lindo apodo.

  —Como desee. —La sirvienta asintió otra vez.

  Comí mi trozo de pan. Estaba más rico de lo que esperaba.

  Nutiden parecía ligeramente fascinada con la merienda que estábamos disfrutando. Supongo que no tenía el lujo de hacer esto de manera usual, por mucho que lo mereciera.

  Me reí un poco, antes de admitir lo que pasaba por mi mente en ese momento:

  —Realmente eres una buena persona, ?no, Nuti?

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